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Matando a la belleza

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  Hace algún tiempo (un par de meses, tal vez), escuche una crítica a Edgar Allan Poe, y no una crítica a su impecable estilo, o a su talento creativo indudable. Fue una critica a su vida personal. Y el tema versaba mas o menos sobre el hecho de que Poe se caso con su prima, Virginia Eliza Clemm cuando la una tenia 13 años de edad, y el otro 27. Un sujeto de unos 25 años, de esos que lo saben todo, se quejaba escandalizado de un acto ocurrido en Baltimore en 1835 al amparo de la ley vigente; y exigía se dejase de considerar a Poe como un gran genio, puesto que en su cabeza inundada de canabis (para bien o para mal), era inaceptable que un artista pudiera ser brillante, y no tener al mismo tiempo una conducta irreprochable, ya no en su propio tiempo, sino en todos los tiempos. Yo, por mi parte, comente que no era posible juzgar un acto ocurrido hace casi dos siglos, con la moral del tiempo actual, a lo cual el imberbe me miro y zanjó la discusión con un rotundo: “si puedo”. Si bie...
Punto final A estas alturas, es difícil hablar de Sabina, sin redundar en una serie de tópicos que todos saben ya de antemano. ¿Quién no le conoce? Si hablase en este momento de la plaza de armas de alguna ciudad, me resultaría más sencillo, sin duda, mencionar muchas mas cosas que nadie sabe. No obstante, no es mi intención escribir sobre Sabina, al menos, no del modo en que lo hacen los redactores de introducciones sobre el autor tal o cual, en algún libro famoso. Sino por el contrario, quisiera escribir sobre una arista concreta de un poema suyo, que si bien, es improbable que sea siquiera parcialmente, el sentido que el autor pensó al escribirle, o en el largo tiempo de existencia y de lectura y relectura de este. Se trata del poema de Joaquín Sabina, que ahora mismo, a la letra copio, y que si bien, estoy consciente de que existe otra versión más difundida, quizá es justo esta la que mejor expresa lo que ahora quisiera yo plantear. Puntos suspensivos Lo peor del amor cua...

Uroborus

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  La vida, la mía al menos, transcurre mas entre ciclos que en una lineal recta. Al menos esa es la forma en que la percibo. Es de este modo en que, al revisar archivos viejos me he encontrado con el link de mi viejo blog. Obviamente, la curiosidad me llevo a darle click, con la expectativa de encontrarme con mi pasado. Pero lo que ocurrió es lo mas lógico del mundo. En lugar de encontrarme el blog, lo que me encontré fue un mensaje que me informaba que dicho espacio ya no existía, pero que el nombre se encontraba disponible.  Si bien, a la vuelta de los años, han cambiado infinidad de cosas, tanto en mi como en el mundo en que vivo; y esto de escribir blogs pareciera mas un arte antiguo, tal como la alquimia lo es. No deja de seducirme la idea de reencontrarme, en mi madurez, con aquel que comenzó a redactar líneas en este mismo espacio hace décadas, siendo joven y entusiasta aun, y teniendo además por característica ser un fumador melancólico (de ahí el blue smoker), y ahora...